1ª edición - Buenos Aires. Editorial Cactus, octubre 2006. |
Gilles Deleuze Habría que hablar de el Leibniz de Deleuze, como cuando se nombra un cuadro. Es en Leibniz que Deleuze tiene su momento de pintor. Quizás sea un momento de pintura que hay o debiera haber en toda filosofía. Para Deleuze es aquí como si la condición del pensamiento fuera empezar por componer un mundo. Un universo de pliegues y repliegues vibratorios, de curvas y más curvas, de seres temerosos de la luz que habitan piezas oscuras, juegos de claroscuro, de fuerzas inquietas agitándose en cada cuerpo, y todo ello ordenado según series matemáticas, según las reglas de la más estricta armonía. |
Clase II. El agua está llena de peces, los peces de agua... Clase III. El ruido del mar Clase IV. Los cuatro principios leibinizianos Clase V. El (des)acuerdo de los filósofos Clase VI. De la curva al individuo Clase VII. El nudo gordiano. Clase VIII. El sueño de Teodoro. Clase IX. La canción de Belcebú. Clase X. El Gran Diádoco Clase XI. El orden de los cadáveres sobre el campo de batalla Clase XII. Musicalidad del ser Clase XIII. Ser lanzado a pleno mar Clase XIV. ¿Qué es eso de "tener un cuerpo"? Clase XV. Una última visita a los dos pisos del Barroco |